Siento que el 2026 me pide una claridad afectiva radical. Me he dado cuenta de que cargo con relaciones —ya sean amistades, parejas o vínculos familiares— que simplemente ya no están alineadas con quien soy hoy. No es que sean malas personas, es que nuestros caminos se han separado vibracionalmente. Y reconozco que he estado sosteniendo estos vínculos por pura lealtad, por costumbre o por culpa. Pero sostener lo que ya no se sostiene solo me drena. Este año, elijo viajar más ligera.
Señales de relaciones que ya cumplieron su ciclo
He aprendido a identificar las señales de que un vínculo ya cumplió su ciclo. Son esas conversaciones que se sienten forzadas, donde tengo que medir cada palabra. Es esa sensación de agotamiento profundo después de ver a alguien, como si me hubieran robado la energía. Es tener que fingir ser una versión antigua de mí misma para que el otro se sienta cómodo. Son los compromisos que se sienten obligatorios, pesados. Entiendo ahora la diferencia abismal entre la lealtad real, que nace del amor, y el apego por costumbre, que nace del miedo a soltar. Ya no quiero relaciones que solo existen en el pasado.
Soltar sin culpa ni drama
Dejar ir no significa odiar. No necesito hacer escenas ni buscar culpables. Estoy aprendiendo a soltar con amor. Agradezco profundamente el ciclo compartido, lo que aprendimos juntos, y permito que cada quien siga su camino. Me doy cuenta de la paz inmensa que llega cuando suelto lo que ya no me sostiene. No es un acto de egoísmo, es un acto de honestidad. Al soltar lo que ya no vibra conmigo, dejo de bloquear mi energía y también libero al otro. Estoy haciendo espacio, vacío fértil, para que lleguen vínculos nuevos y auténticos que sí resuenen con mi presente.
Los vínculos que sí vienen conmigo
Ahora discierno con cuidado. Elijo las relaciones donde puedo ser yo sin filtros, sin máscaras. Vínculos que me cuidan, que me nutren, no que me agotan. Confío plenamente en mi intuición para elegir con quién camino este año.
